Afuera la turba grita con sus pancartas. Detrás del vidrio especial polarizado Miguel contempla todo desde su oficina del piso veinticuatro.
La puerta se abre lentamente y Sabrina da unos pasos silenciosos.
- “¿Qué es lo que sucede?”
- “Obviamente están en contra de nuestro producto”
Miguel gira completamente para verla de frente.
- “Sé que esos neardentales están ahí afuera por eso, quiero saber que es lo que haces vos acá adentro”
- “Solamente vengo a avisarte que la comisión evaluadora acaba de llegar”
Sin decir una palabra mira una vez más a la muchedumbre que grita bajo el Sol. Se ajusta el saco a su marcado cuerpo y sale de la oficina como si nadie más estuviera ahí.
El ascensor se mueve casi imperceptiblemente, aunque Miguel puede notarlo. Desciende treinta pisos hasta que se detiene, los paneles se abren silenciosamente.
Frente al ascensor una gran puerta de madera hermosamente tallada custodiada a cada lado por dos especimenes anabolizados del homo sapiens sapiens. La gran puerta emite el mismo sonido muerto que el ascensor al cerrarse.
Varios de los hombres que están en la gran sala voltean para recibir a Miguel.
- “Disculpen la tardanza señores”
- “Dejemos las formalidades a un lado y hablemos de las aberraciones que se hacen en este edificio”
- “No son peores que de las aberraciones que se producen bajo su techo monseñor”
El viejo cura no se atreve a replicar y se sienta mirando el piso.
- “Coincido con la curia en que dejemos de perder tiempo y vayamos al grano”
- “Como usted desee General. Valhalla enterprise se dedicó desde sus inicios a la investigación, llevando esa premisa más lejos que cualquier otra empresa existente o histórica.”
- “¿Pero cómo llegaron a desafiar a Dios de esta forma?”
El monseñor se había repuesto un poco, aunque sus palabras no fueron pronunciadas duramente, sino más bien como una súplica.
- “Nosotros le dimos a la gente lo que deseaba. Si se desató el infierno como usted proclama, fue porque ahí afuera lo estaban pidiendo a gritos. Hace años que los libros más vendidos, las películas más taquilleras… todo gira en torno a los vampiros…”
- “¡Pero vender la formula que convierte a las pobres almas en vampiros es cruzar un límite muy peligroso!”
- “No existe eso de pobres almas, ellos pagan por eso. No se los engaña, no hay tentación más que el resultado”
- “Están matando gente…”
- “¿No es eso acaso lo que un vampiro hace?”
- “Usted y su compañía están fuera de si”
- “Miren, no estamos infligiendo ninguna ley, lo que ustedes plantean es un problema moral. Similar al que tuvieron las compañías tabacaleras en el siglo pasado. Se quejan de nuestro producto y se quejarán del que sacaremos el mes siguiente”
Los hombre se miran desconcertados, no se esperaban que la gente de Valhalla enterprise compartiera esa valiosa información.
- “¿Qué nuevo producto?”
- “Pensé que con los contactos que manejan lo sabrían para este momento. Debo felicitar a los muchachos de confidenciabilidad entonces”
Miguel sonríe, sabe que no tienen idea de lo que está hablando. Saca una llave de su bolsillo y abre un cajón que está frente a él, saca un simple expediente dentro de una carpeta de papel madera y la tira frente al monseñor.
El cansado viejo toma la carpeta entre sus manos, la abre y lentamente comienza a leer.
- “¿Es esto cierto?”
- “Nosotros nunca bromeamos cuando se trata de negocios monseñor”
Saca un segundo sobre del cajón y se lo alcanza al General
- “Creo que encontrará esta información… estimulante”
Mientras el General devoraba las letras impresas el monseñor se acerca a Miguel
- “¿Pueden realmente hacer esto?”
- “Cien por ciento seguro, y como usted sabe: la confidencialidad es nuestro negocio. Nadie se enteraría jamás”
- “Yo… tengo que analizar esto”
- “Cuando usted lo decida, nosotros estaremos esperándolo. ¿Y usted general? ¿Qué me dice?”
- “Usted sabe como hacer negocios”
Miguel sonríe. Los deja compenetrados en la lectura, en los sueños.
La gran puerta de madera hermosamente tallada se abre silenciosamente, los dos custodios a cada lado ni se inmutan a su paso. Los paneles del ascensor emiten el mismo sonido muerto que la gran puerta. Asciende treinta pisos hasta que se detiene. Ella lo sigue esperando en su oficina.
- “¿Y Miguel? ¿Cómo te fue?”
- “Son humanos después de todo, y tienen sus tentaciones”
- “¿El monseñor cayó fácil?”
- “Se hizo el difícil hasta que vio nuestra fórmula Jekyll-Hyde”
- “¿Cómo sabías que ése era su deseo?”
- “El hombre anda todo el día con una sotana, que no es más que una pollera larga. Además habíamos investigado sus… deseos carnales”
- “¿Y el general? ¿Cómo lo tomó?”
- “Mucho más rápido…”
Miguel se acerca a la ventana y contempla a la turba que sigue afuera.
- “¿Qué vas a hacer con ellos?”
- “Esperar a que se oculte el sol”
Y mientras lo dice siente como se le hace agua la boca.
sábado, noviembre 28, 2009
jueves, noviembre 12, 2009
Espera
Mi nombre es Ricardo, sesenta y cuatro años. De profesión: sobreviviente. Aunque nací un lluvioso día de Junio, mi vida no comenzó ese día.
¿Notaron que a veces uno siente con total seguridad que está predestinado para algo? Yo sabía que mi vida iba a dar un vuelco en un momento determinado, sólo había que esperar. "Ya verán -solía decir- mi vida pronto comenzará".
A mis diez y ocho años conocí a una dulce muchacha, la cual a los pocos meses se convirtió en mi mujer. Eso ocurrió un tres de febrero. Y no, ese no fue el día que mi vida comenzó. Ella era realmente excepcional, distaba de la media de las mujeres de su época. Era ingeniosa, divertida y por sobre todas las cosas: amaba vivir. Nos pasábamos tardes enteras planeando como sería nuestra vida una vez que realmente comience. Ambos queríamos viajar, caminar largos trechos sin mapas, descubrir costumbres locales y maravillarnos ante las cosas más comunes. "Ya verán -solíamos decir- nuestra vida pronto comenzará".
La perdí paradójicamente un tres de febrero, un ataque cardiovascular la arrebató de mis manos. Sinceramente no quería que mi vida comience esos días y sabiamente no lo hizo. Me permitió despedirla como se merecía. Sobre su tumba le juré que una vez que mi vida comience haría todo lo que hablamos durante nuestros años compartidos.
En una jugarreta del destino, caí por las escaleras de nuestra casa y me quebré el cuello.
No logro entender como alguien puede morir antes de haber nacido, es simplemente... tan injusto
¿Notaron que a veces uno siente con total seguridad que está predestinado para algo? Yo sabía que mi vida iba a dar un vuelco en un momento determinado, sólo había que esperar. "Ya verán -solía decir- mi vida pronto comenzará".
A mis diez y ocho años conocí a una dulce muchacha, la cual a los pocos meses se convirtió en mi mujer. Eso ocurrió un tres de febrero. Y no, ese no fue el día que mi vida comenzó. Ella era realmente excepcional, distaba de la media de las mujeres de su época. Era ingeniosa, divertida y por sobre todas las cosas: amaba vivir. Nos pasábamos tardes enteras planeando como sería nuestra vida una vez que realmente comience. Ambos queríamos viajar, caminar largos trechos sin mapas, descubrir costumbres locales y maravillarnos ante las cosas más comunes. "Ya verán -solíamos decir- nuestra vida pronto comenzará".
La perdí paradójicamente un tres de febrero, un ataque cardiovascular la arrebató de mis manos. Sinceramente no quería que mi vida comience esos días y sabiamente no lo hizo. Me permitió despedirla como se merecía. Sobre su tumba le juré que una vez que mi vida comience haría todo lo que hablamos durante nuestros años compartidos.
En una jugarreta del destino, caí por las escaleras de nuestra casa y me quebré el cuello.
No logro entender como alguien puede morir antes de haber nacido, es simplemente... tan injusto
miércoles, octubre 07, 2009
Cuadernos en la biblioteca
Lamento comenzar esta historia con la muerte de mi tía. Aunque este hecho si bien es el desencadenante, sólo tiene como punto importante ese factor. No ahondaré en la vida de mi fallecida tía porque sería una pérdida de tiempo, lo único a saber es que murió soltera y sin descendencia.
Me hallaba pues en la casa de mi tía, mirando entre los despojos que los buitres de mis familiares habían dejado. No fue extraño notar que lo único que esos insensible no habían tocado era la biblioteca.
En este punto quiero agregar algo para que se entienda la relevancia de aquellos libros: Mi tía era antropóloga y le fascinaba el estudio de culturas poco conocidas.
Volviendo al tema principal, obviamente mis parientes no eran grandes fanáticos de los libros y menos de aquellos que no tenían ni un dibujo (aunque debo decir que la mayoría de los que se hallaban en aquella biblioteca contenían gran cantidad de fotografías), por consiguiente me llevé aquel olvidado botín.
Con el tiempo fui leyendo varios de los libros, hasta que me topé con un cuaderno que había confundido por un libro dado su grosor. Lo importante es que estaba escrito por el puño y letra de mi tía.
El cuaderno contaba el hallazgo de un mundo paralelo que pertenece al nuestro y a la vez el nuestro pertenece al otro (Como si se tratara de una botella de Klein). La principal diferencia entre ambos mundos era que en aquel otro la magia era posible.
En ese punto dudé de la cordura mental de mi tía, pero la investigación que había hecho no se limitaba meramente a formular la existencia de aquel lugar.
El mundo paralelo (en ninguna parte se hacía mención al nombre) era el responsable de los magos, dragones y toda clase de mitología existente hasta la edad media. Los seres podían pasar de un mundo a otro sin inconvenientes por medio de “portales”.
Y aquí viene lo extraño: los “portales” eran superficies planas, como ventanas al otro lado. Una persona podía pasar tranquilamente si sabía como abrir el portal. Aparentemente había muy pocos portales localizados estratégicamente.
Por algún motivo que no se explica, el mundo paralelo es de una categoría superior al nuestro, es por eso que allí la magia es posible, en nuestro mundo las energías aún no se han equilibrado y por eso es que no somos capaces de… hacer lo que sea que hace la magia.
Este mundo paralelo podía cerrar los portales con gruesas capas de acero, como si fueran una gran bóveda de un banco, las cuales sólo se abrían invocando cierto conjuro.
Para nuestro mundo los portales quedaban entonces… como espejos. Esta idea justifica la gran cantidad de historias existentes (la más conocida es la de Alicia, que no es otra cosa que una historia egipcia ambientada a la época de Lewis Carroll).
Algo pasó entre los siglos XII y XIII que aparentemente los portales dejaron de abrirse. En realidad la invención del vidrio plano hizo que mucha gente colocara espejos en sus viviendas (la gente acaudalada, no era como hoy un artículo cotidiano). El hecho de existir un espejo en una vivienda era signo de estatus, ya que significaba que esa vivienda tenía contacto directo con el universo superior. La propagación de falsos portales hizo que los verdaderos se perdieran.
Un gran legado de aquellos tiempos es lo que sucedía al mortal de este mundo si quería cruzar sin permiso al otro lado: corría el riesgo de romper el vínculo entre ambos mundos al no abrirlo correctamente. Para estos fines, los portales poseían una gran magia o maldición que llegó a nuestros días como una superstición de mala suerte al romper un espejo.
Como dije antes, algo sucedió porque la buena relación que ambos mundos tenían dejó de existir: fue cuando los unicornios desaparecieron, ogros y duendes ocuparon su lugar. Maldiciones convirtieron a hombres normales en bestias mitad lobo o mitad caballo. Las personas perdían la razón cometiendo los más atroces crímenes y violaciones. Y lo más importante, la historia del Satán polimorfo comenzó a circular: el hacedor de engaños, el gran simulador.
Los portales están ocultos, pero siguen existiendo aunque nosotros no sepamos cuales son ni donde se encuentran.
Casi al final de aquel cuaderno mi tía se pregunta si los magos del mundo paralelo no usarían su poder para convertir cada espejo que fabricamos en un potencial portal.
¿Se imaginan las consecuencias? Les estamos sirviendo en bandeja de plata todo nuestro mundo: nuestras casas, oficinas, negocios… hay un espejo en cada lugar.
En teoría, una forma de saber si el espejo está siendo utilizado como portal es descubrir pequeñas incongruencias en el reflejo: un color diferente, una cortina que se mueve, cualquier pequeño detalle.
Mi tía afirma en una de las últimas anotaciones que el otro mundo puede también vernos a través del cristal… no sé si fue la sugestión que me provocó la lectura de este cuaderno o que, pero esa misma noche cuando me estaba secando las manos creí ver en el espejo un par de ojos que me miraban. Al girar sólo pude ver mi reflejo, pero la sensación aún estaba.
En mi casa ya no existe ningún espejo, volví a la vieja costumbre de usar un metal finamente pulido para ver mi imagen.
Tomen mi historia como verdadera o como los desvaríos de una vieja loca. Pero considérense advertidos: el diablo existe y está del otro lado del espejo.
Me hallaba pues en la casa de mi tía, mirando entre los despojos que los buitres de mis familiares habían dejado. No fue extraño notar que lo único que esos insensible no habían tocado era la biblioteca.
En este punto quiero agregar algo para que se entienda la relevancia de aquellos libros: Mi tía era antropóloga y le fascinaba el estudio de culturas poco conocidas.
Volviendo al tema principal, obviamente mis parientes no eran grandes fanáticos de los libros y menos de aquellos que no tenían ni un dibujo (aunque debo decir que la mayoría de los que se hallaban en aquella biblioteca contenían gran cantidad de fotografías), por consiguiente me llevé aquel olvidado botín.
Con el tiempo fui leyendo varios de los libros, hasta que me topé con un cuaderno que había confundido por un libro dado su grosor. Lo importante es que estaba escrito por el puño y letra de mi tía.
El cuaderno contaba el hallazgo de un mundo paralelo que pertenece al nuestro y a la vez el nuestro pertenece al otro (Como si se tratara de una botella de Klein). La principal diferencia entre ambos mundos era que en aquel otro la magia era posible.
En ese punto dudé de la cordura mental de mi tía, pero la investigación que había hecho no se limitaba meramente a formular la existencia de aquel lugar.
El mundo paralelo (en ninguna parte se hacía mención al nombre) era el responsable de los magos, dragones y toda clase de mitología existente hasta la edad media. Los seres podían pasar de un mundo a otro sin inconvenientes por medio de “portales”.
Y aquí viene lo extraño: los “portales” eran superficies planas, como ventanas al otro lado. Una persona podía pasar tranquilamente si sabía como abrir el portal. Aparentemente había muy pocos portales localizados estratégicamente.
Por algún motivo que no se explica, el mundo paralelo es de una categoría superior al nuestro, es por eso que allí la magia es posible, en nuestro mundo las energías aún no se han equilibrado y por eso es que no somos capaces de… hacer lo que sea que hace la magia.
Este mundo paralelo podía cerrar los portales con gruesas capas de acero, como si fueran una gran bóveda de un banco, las cuales sólo se abrían invocando cierto conjuro.
Para nuestro mundo los portales quedaban entonces… como espejos. Esta idea justifica la gran cantidad de historias existentes (la más conocida es la de Alicia, que no es otra cosa que una historia egipcia ambientada a la época de Lewis Carroll).
Algo pasó entre los siglos XII y XIII que aparentemente los portales dejaron de abrirse. En realidad la invención del vidrio plano hizo que mucha gente colocara espejos en sus viviendas (la gente acaudalada, no era como hoy un artículo cotidiano). El hecho de existir un espejo en una vivienda era signo de estatus, ya que significaba que esa vivienda tenía contacto directo con el universo superior. La propagación de falsos portales hizo que los verdaderos se perdieran.
Un gran legado de aquellos tiempos es lo que sucedía al mortal de este mundo si quería cruzar sin permiso al otro lado: corría el riesgo de romper el vínculo entre ambos mundos al no abrirlo correctamente. Para estos fines, los portales poseían una gran magia o maldición que llegó a nuestros días como una superstición de mala suerte al romper un espejo.
Como dije antes, algo sucedió porque la buena relación que ambos mundos tenían dejó de existir: fue cuando los unicornios desaparecieron, ogros y duendes ocuparon su lugar. Maldiciones convirtieron a hombres normales en bestias mitad lobo o mitad caballo. Las personas perdían la razón cometiendo los más atroces crímenes y violaciones. Y lo más importante, la historia del Satán polimorfo comenzó a circular: el hacedor de engaños, el gran simulador.
Los portales están ocultos, pero siguen existiendo aunque nosotros no sepamos cuales son ni donde se encuentran.
Casi al final de aquel cuaderno mi tía se pregunta si los magos del mundo paralelo no usarían su poder para convertir cada espejo que fabricamos en un potencial portal.
¿Se imaginan las consecuencias? Les estamos sirviendo en bandeja de plata todo nuestro mundo: nuestras casas, oficinas, negocios… hay un espejo en cada lugar.
En teoría, una forma de saber si el espejo está siendo utilizado como portal es descubrir pequeñas incongruencias en el reflejo: un color diferente, una cortina que se mueve, cualquier pequeño detalle.
Mi tía afirma en una de las últimas anotaciones que el otro mundo puede también vernos a través del cristal… no sé si fue la sugestión que me provocó la lectura de este cuaderno o que, pero esa misma noche cuando me estaba secando las manos creí ver en el espejo un par de ojos que me miraban. Al girar sólo pude ver mi reflejo, pero la sensación aún estaba.
En mi casa ya no existe ningún espejo, volví a la vieja costumbre de usar un metal finamente pulido para ver mi imagen.
Tomen mi historia como verdadera o como los desvaríos de una vieja loca. Pero considérense advertidos: el diablo existe y está del otro lado del espejo.
miércoles, septiembre 30, 2009
Cuatro sellos
Cuando se comienza por el final es porque este es inevitable. Los acontecimientos que llevarán invariablemente hacia el final. Porque así está escrito, porque así se lo han buscado.
La primera canción sonó hace casi cien años y él recorrió la Tierra de norte a sur y de este a oeste esparciendo su semilla entre los hombres que sedientos de avaricia y cegados ante el odio se mataron unos a otros. No para destruirse, sino tan solo porque podían hacerlo.
Y el primer sello se rompió.
La segunda canción sonó muy poco después y el otro también recorrió las tierras y los mares tocando a cada ser humano en su camino. Las bocas se secaron y los estómagos sufrieron la carencia del alimento. Muchos se encontraron con la cruda realidad de no poseer ni siquiera los huesos que los mantenían en pie. Pero aún así siguieron peleando para dominarse los unos a los otros.
Y el segundo sello se rompió.
La tercera canción sonó también y cuando su caballo galopaba a cada paso la gente se retorcía cada vez más y caía casi muerta mientras sus flácidos cuerpos golpeaban el duro piso. No importaba cuantos morían, muchos seguían con ojos rojos matando a sus hermanos y muchos más no lograban levantarse por no poseer las fuerzas necesarias.
Y el tercer sello se rompió.
Estoy esperando mi canción, la cuarta y última canción.
Puedo escuchar los latidos de mi corazón en mi pecho, la excitación de la espera. Sé que al cruzar las rejas una gloria que no se puede expresar en palabras me acompañará y hasta siento que puedo llorar de la felicidad próxima.
Pero no debo adelantarme, ya no hay vuelta atrás de todas formas, sólo me resta esperar mi llamado. No es posible escapar a lo inevitable.
Miles de respiraciones cobran vida a mis espaldas fruto de mi mente, de mi sed de justicia. Gritan y aúllan, se relamen y comparten mi gozo.
Desenfundo mi espada, el ruido de la hoja sobre la funda es un éxtasis que llena mis oídos. Mi lengua se relame en mi boca saboreando la sangre que pronto beberé.
Una criatura a mi derecha desesperada comete el atrevimiento de dirigirme un mordisco, con un leve movimiento de mi brazo cerceno el cuello de tres. Las más cercanas retroceden, pero la sonrisa en mi boca les devuelve la confianza y se lanzan sobre los cadáveres.
A lo lejos escucho la música y aún no lo creo: mi canción finalmente es tocada. Las puertas se abren y mi caballo sale rápidamente seguido por la multitud de seres detrás.
El mundo ante mi está sucumbido en la guerra, el hambre y la enfermedad.
Yo vengo a terminar el trabajo.
Yo vengo para que cumplan su destino.
Yo soy la muerte y todos se rendirán ante mí.
La primera canción sonó hace casi cien años y él recorrió la Tierra de norte a sur y de este a oeste esparciendo su semilla entre los hombres que sedientos de avaricia y cegados ante el odio se mataron unos a otros. No para destruirse, sino tan solo porque podían hacerlo.
Y el primer sello se rompió.
La segunda canción sonó muy poco después y el otro también recorrió las tierras y los mares tocando a cada ser humano en su camino. Las bocas se secaron y los estómagos sufrieron la carencia del alimento. Muchos se encontraron con la cruda realidad de no poseer ni siquiera los huesos que los mantenían en pie. Pero aún así siguieron peleando para dominarse los unos a los otros.
Y el segundo sello se rompió.
La tercera canción sonó también y cuando su caballo galopaba a cada paso la gente se retorcía cada vez más y caía casi muerta mientras sus flácidos cuerpos golpeaban el duro piso. No importaba cuantos morían, muchos seguían con ojos rojos matando a sus hermanos y muchos más no lograban levantarse por no poseer las fuerzas necesarias.
Y el tercer sello se rompió.
Estoy esperando mi canción, la cuarta y última canción.
Puedo escuchar los latidos de mi corazón en mi pecho, la excitación de la espera. Sé que al cruzar las rejas una gloria que no se puede expresar en palabras me acompañará y hasta siento que puedo llorar de la felicidad próxima.
Pero no debo adelantarme, ya no hay vuelta atrás de todas formas, sólo me resta esperar mi llamado. No es posible escapar a lo inevitable.
Miles de respiraciones cobran vida a mis espaldas fruto de mi mente, de mi sed de justicia. Gritan y aúllan, se relamen y comparten mi gozo.
Desenfundo mi espada, el ruido de la hoja sobre la funda es un éxtasis que llena mis oídos. Mi lengua se relame en mi boca saboreando la sangre que pronto beberé.
Una criatura a mi derecha desesperada comete el atrevimiento de dirigirme un mordisco, con un leve movimiento de mi brazo cerceno el cuello de tres. Las más cercanas retroceden, pero la sonrisa en mi boca les devuelve la confianza y se lanzan sobre los cadáveres.
A lo lejos escucho la música y aún no lo creo: mi canción finalmente es tocada. Las puertas se abren y mi caballo sale rápidamente seguido por la multitud de seres detrás.
El mundo ante mi está sucumbido en la guerra, el hambre y la enfermedad.
Yo vengo a terminar el trabajo.
Yo vengo para que cumplan su destino.
Yo soy la muerte y todos se rendirán ante mí.
martes, septiembre 22, 2009
Introducción:
Les propongo algo: Tienen que mirar atentamente el lugar donde se encuentran. Cada objeto, su disposición y forma.
¿Listo? Muy bien. Ahora imaginen que ese lugar queda deshabitado y transcurren cientos de años en los cuales nadie mueve nada.
Sáquenle toda esa vegetación, no nos hace falta.
El último paso: imagínenlo de noche, sin Luna siquiera. Sumido en la más profunda oscuridad.
¿Pudieron seguirme hasta ahora? Bien...
Imaginen despertar en ese lugar, solos. Con exactamente las cosas que tienen ahora puestas y que este lugar, si bien parece desierto... no lo esta en absoluto. Se puede escuchar algún ruido aquí y allá de algo moviéndose, de algo respirando, de algo relamiéndose.
Y ustedes, queridos ignorantes... son el plato principal.
¿Listo? Muy bien. Ahora imaginen que ese lugar queda deshabitado y transcurren cientos de años en los cuales nadie mueve nada.
Sáquenle toda esa vegetación, no nos hace falta.
El último paso: imagínenlo de noche, sin Luna siquiera. Sumido en la más profunda oscuridad.
¿Pudieron seguirme hasta ahora? Bien...
Imaginen despertar en ese lugar, solos. Con exactamente las cosas que tienen ahora puestas y que este lugar, si bien parece desierto... no lo esta en absoluto. Se puede escuchar algún ruido aquí y allá de algo moviéndose, de algo respirando, de algo relamiéndose.
Y ustedes, queridos ignorantes... son el plato principal.
Fragmento de entrevista a paciente
Sin nombre. Historia Clínica 8429.
Admisión - Hospital Borda
Sin nombre. Historia Clínica 8429.
Admisión - Hospital Borda
domingo, septiembre 20, 2009
Reflejos en el espejo
Odio los martes. El martes no tiene el trajín del lunes y ni siquiera tiene ese horizonte del fin de semana que comienza a verse el miércoles.
Pero ese martes sería indudablemente el peor de todos.
Afuera el cielo tronaba y relampagueaba expulsando millones de gotas que impactaban con el gris asfalto de la ciudad.
Dentro de mi pequeño departamento sentía que miles de fotógrafos accionaban sus flashes. Y hacía frío, demasiado para esta época del año.
Mientras me afeitaba fue la primera vez que noté algo extraño: el papel higiénico parecía girar lentamente, pero cuando voltee para verlo directamente me encontré con que el rollo se había acabado. Volví a mirar el espejo y el rollo seguía ahí… moviéndose lentamente.
A partir de ese día los reflejos me mostraban una realidad distorsionada, pero las diferencias se fueron incrementando: gente desmembrada o deforme, personas que directamente no estaban ahí… este último caso era el peor. Esos entes en general me miraban directamente a los ojos como si no entendieran que podía verlos. Intenté explicárselo a mis amigos, pero la mayoría no me creyó, con el tiempo se fueron cansando o asustando y dejé de verlos.
En mi casa ya no hay espejos, es el único lugar donde tengo paz. Tampoco hay objetos que puedan hacer reflejo como la pantalla de la pc, relojes y tantas otras cosas.
Pero ese martes tuve que salir a conseguir comida, hacía tres días que me había quedado en ayunas y las consecuencias comenzaban a notarse.
Con una capucha intento ocultar de mis ojos todos esos reflejos que al mundo normal no le molestan: vidrieras, ventanas, tapas de bronce o plástico. ¡Todo el maldito mundo se refleja en algo!
El ascensor es sencillo: solo tiene un espejo. En el hall de entrada el portero me saludó mientras limpiaba el mismo lugar como todos los días.
Ese día había mucha gente en la calle y yo caminaba mirando hacia abajo con la capucha puesta. Choqué con alguno de los transeúntes y me insultaron, sinceramente me importó poco.
Cuando llegué a la esquina fue como tomar un respiro, aproveché para levantar la cabeza y mirar el cielo… nublado para variar.
El precio de la lata de arvejas volvió a subir ¿Cómo pretenden que uno pueda vivir así?
El camino de regreso fue más rápido, por algún motivo que no me importa había menos gente caminando.
Cuando llegué al edificio el portero ya no estaba, tuve que mirar al piso debido al gran espejo que ocupa una pared. Pero… ¿Qué era eso? ¡No! ¡El portero dejó el piso totalmente brillante! Cerré los ojos antes de que las visiones me atormenten. A tientas llegué al ascensor y marque mi piso. Lo peor ya pasó. Cuando la puerta se abrió salí confiado al pasillo pero me encontré con mis nuevos vecinos mudándose y una televisión dejada impunemente que me devuelve mi propio reflejo mutilado, horrorizado y presa del pánico le atiné una patada a la pantalla que estalló en mil pedazos. Todo quedó a oscuras y en silencio, salvo un débil rasguido que salía de algún lado. Presioné el interruptor de la luz, pero no respondió. Tanteando en la oscuridad llegué hasta la puerta de mi casa que se abrió sin dificultad.
Adentro no parecía haber nada extraño, todo estaba en su lugar salvo ese pequeño rasquido… al voltearme lo vi parado bajo el marco de la puerta de entrada: con los ojos amarillos sin pupila, el labio inferior faltante dejando ver unos dientes podridos, la mano izquierda inexistente dejaba ver un hueso que salía del muñón, varias costillas estaban expuestas y de alguna forma eso todavía respiraba. El rasguido lo hacía su piel cada vez que inhalaba.
En ese momento fue que me di cuenta que era la primera vez que los veía directamente sin ningún reflejo de por medio. Pero… ¿Cómo? Aquel ser parecía disfrutar mi horror y comenzó una especie de risa. Detrás de él aparecieron dos, cuatro, seis criaturas más. Riendo se acercaron a mí que desesperado intenté inútilmente encontrar una forma de escapar.
Me tomaron de diferentes partes y comenzaron a devorarme vivo, el dolor fue tan insoportable que no pude creer que no perdiera el conocimiento. Sentí sus dientes clavarse en mi carne y desgarrarla arrancando tendones en el camino. Uno clavó sus raquíticos dedos en mi ojo derecho reventándolo, lamiendo la mezcla de sangre y líquido que consiguió. Sentí una mano perforarme la piel del estómago, agarrar mis costillas y comenzar a tirar hacia fuera hasta que finalmente se escuchó el chasquido del hueso al romperse. Otra mano entró en mi boca ahogándome, el puño se cerró y arrancó algo pero el dolor fue tan intenso que no sé que me quitaron. Cuando creía que la asfixia iba a terminar con mi sufrimiento un orificio en mi garganta permitió que mis pulmones se llenen nuevamente de aire.
Quise llorar, pero ya no podía. Finalmente caí en un estado parecido al sueño.
Cuando desperté todavía estaba rodeado de aquellas criaturas, cada una estaba arrodillada comiendo algo con devoción. El ente que estaba más alejado –y había tragado ya su bocado y se relamía los dedos- se me acercó gateando mientras babeaba. Cuando retrocedía horrorizado comprendí que se habían estado alimentando con mis piernas. La sangre del piso se mezclaba con la mugre, pedazos de piel y carne.
No sé cuanto tiempo estuvimos en mi departamento, pero de pronto uno comenzó a olfatear el aire y le gruñó algo al que vi primero en el umbral de mi puerta. Este gritó y dos de ellos se me acercaron corriendo, me levantaron bruscamente entre sus brazos y comenzaron a correr. Toda la manada se estaba movilizando.
Cuando llegamos a otro departamento estaban todos excitados, gruñendo y corriendo en círculos. Todo el lugar olía a orina y estaba sucio… salvo el espejo de la sala. Parecía inmaculado, fuera de este extraño lugar. En el espejo un hombre de cuarenta y tantos años miraba con cara de asco, tomó la escoba y cuando estaba a punto de golpear el vidrio le grite desesperado que no lo hiciera, todos se rieron. Se escuchó el vidrio quebrarse y una especie de tornado inundó la sala, duró quizás dos o tres segundos y al terminar el hombre estaba en el centro de la manada.
Con horror observé como le caían encima y lo devoraban vivo. La pobre víctima gritaba hasta que se quedó sin voz, o sin lengua. Por alguna extraña razón no importaba que parte del cuerpo le arrancaran, el hombre nunca moría. Solo intentaba luchar para escapar, hasta que ya no tuvo brazos ni piernas con los cuales hacer fuerza. Me convidaron un pedazo de… algo, pero las náuseas fueron mayores y rechacé el bocado.
Durante tres días nos seguimos movilizando de un lugar a otro y en cada locación esperaban que la persona del otro lado del espejo rompa la conexión. La mayoría no lo hacía, pero el que si… Dios, no hay forma de describir alguna de las cosas que estos seres hacían.
Diez días después ya estaba perdiendo la cordura, el hambre se había apoderado de mí y peleé por mi primer pedazo de carne. Sólo recuerdo los cabellos dorados de la niña que rompió el espejo, después la locura sumió todo en una nebulosa gris, como un sueño.
En una de las casas que visitamos conseguí una pierna ortopédica y ahora corro con ellos de lugar en lugar buscando comida.
Aprendí el arte de la caza, tentar a la presa a romper el espejo que nos separa y lo mande a este mundo. Son excitantes esos últimos segundos hasta que se escucha el vidrio quebrarse y aparece el almuerzo temblando y meándose encima.
Poco a poco mi “yo”, esa voz que te habla adentro de la cabeza, fue desapareciendo para dejar solo la parte animal en funcionamiento. Creo que fue un método de sobreviviencia ante el horror y las atrocidades del día a día.
Ya hace poco más de tres años que estoy encerrado en esta bestia caníbal, sin posibilidad de mirar hacia otro lado o al menos cerrar los ojos.
Soy un obligado testigo del infierno. Porque no hay otra palabra que describa mejor este lugar. Sabiendo, además, que en este lugar la vida no se acaba nunca.
Pero ese martes sería indudablemente el peor de todos.
Afuera el cielo tronaba y relampagueaba expulsando millones de gotas que impactaban con el gris asfalto de la ciudad.
Dentro de mi pequeño departamento sentía que miles de fotógrafos accionaban sus flashes. Y hacía frío, demasiado para esta época del año.
Mientras me afeitaba fue la primera vez que noté algo extraño: el papel higiénico parecía girar lentamente, pero cuando voltee para verlo directamente me encontré con que el rollo se había acabado. Volví a mirar el espejo y el rollo seguía ahí… moviéndose lentamente.
A partir de ese día los reflejos me mostraban una realidad distorsionada, pero las diferencias se fueron incrementando: gente desmembrada o deforme, personas que directamente no estaban ahí… este último caso era el peor. Esos entes en general me miraban directamente a los ojos como si no entendieran que podía verlos. Intenté explicárselo a mis amigos, pero la mayoría no me creyó, con el tiempo se fueron cansando o asustando y dejé de verlos.
En mi casa ya no hay espejos, es el único lugar donde tengo paz. Tampoco hay objetos que puedan hacer reflejo como la pantalla de la pc, relojes y tantas otras cosas.
Pero ese martes tuve que salir a conseguir comida, hacía tres días que me había quedado en ayunas y las consecuencias comenzaban a notarse.
Con una capucha intento ocultar de mis ojos todos esos reflejos que al mundo normal no le molestan: vidrieras, ventanas, tapas de bronce o plástico. ¡Todo el maldito mundo se refleja en algo!
El ascensor es sencillo: solo tiene un espejo. En el hall de entrada el portero me saludó mientras limpiaba el mismo lugar como todos los días.
Ese día había mucha gente en la calle y yo caminaba mirando hacia abajo con la capucha puesta. Choqué con alguno de los transeúntes y me insultaron, sinceramente me importó poco.
Cuando llegué a la esquina fue como tomar un respiro, aproveché para levantar la cabeza y mirar el cielo… nublado para variar.
El precio de la lata de arvejas volvió a subir ¿Cómo pretenden que uno pueda vivir así?
El camino de regreso fue más rápido, por algún motivo que no me importa había menos gente caminando.
Cuando llegué al edificio el portero ya no estaba, tuve que mirar al piso debido al gran espejo que ocupa una pared. Pero… ¿Qué era eso? ¡No! ¡El portero dejó el piso totalmente brillante! Cerré los ojos antes de que las visiones me atormenten. A tientas llegué al ascensor y marque mi piso. Lo peor ya pasó. Cuando la puerta se abrió salí confiado al pasillo pero me encontré con mis nuevos vecinos mudándose y una televisión dejada impunemente que me devuelve mi propio reflejo mutilado, horrorizado y presa del pánico le atiné una patada a la pantalla que estalló en mil pedazos. Todo quedó a oscuras y en silencio, salvo un débil rasguido que salía de algún lado. Presioné el interruptor de la luz, pero no respondió. Tanteando en la oscuridad llegué hasta la puerta de mi casa que se abrió sin dificultad.
Adentro no parecía haber nada extraño, todo estaba en su lugar salvo ese pequeño rasquido… al voltearme lo vi parado bajo el marco de la puerta de entrada: con los ojos amarillos sin pupila, el labio inferior faltante dejando ver unos dientes podridos, la mano izquierda inexistente dejaba ver un hueso que salía del muñón, varias costillas estaban expuestas y de alguna forma eso todavía respiraba. El rasguido lo hacía su piel cada vez que inhalaba.
En ese momento fue que me di cuenta que era la primera vez que los veía directamente sin ningún reflejo de por medio. Pero… ¿Cómo? Aquel ser parecía disfrutar mi horror y comenzó una especie de risa. Detrás de él aparecieron dos, cuatro, seis criaturas más. Riendo se acercaron a mí que desesperado intenté inútilmente encontrar una forma de escapar.
Me tomaron de diferentes partes y comenzaron a devorarme vivo, el dolor fue tan insoportable que no pude creer que no perdiera el conocimiento. Sentí sus dientes clavarse en mi carne y desgarrarla arrancando tendones en el camino. Uno clavó sus raquíticos dedos en mi ojo derecho reventándolo, lamiendo la mezcla de sangre y líquido que consiguió. Sentí una mano perforarme la piel del estómago, agarrar mis costillas y comenzar a tirar hacia fuera hasta que finalmente se escuchó el chasquido del hueso al romperse. Otra mano entró en mi boca ahogándome, el puño se cerró y arrancó algo pero el dolor fue tan intenso que no sé que me quitaron. Cuando creía que la asfixia iba a terminar con mi sufrimiento un orificio en mi garganta permitió que mis pulmones se llenen nuevamente de aire.
Quise llorar, pero ya no podía. Finalmente caí en un estado parecido al sueño.
Cuando desperté todavía estaba rodeado de aquellas criaturas, cada una estaba arrodillada comiendo algo con devoción. El ente que estaba más alejado –y había tragado ya su bocado y se relamía los dedos- se me acercó gateando mientras babeaba. Cuando retrocedía horrorizado comprendí que se habían estado alimentando con mis piernas. La sangre del piso se mezclaba con la mugre, pedazos de piel y carne.
No sé cuanto tiempo estuvimos en mi departamento, pero de pronto uno comenzó a olfatear el aire y le gruñó algo al que vi primero en el umbral de mi puerta. Este gritó y dos de ellos se me acercaron corriendo, me levantaron bruscamente entre sus brazos y comenzaron a correr. Toda la manada se estaba movilizando.
Cuando llegamos a otro departamento estaban todos excitados, gruñendo y corriendo en círculos. Todo el lugar olía a orina y estaba sucio… salvo el espejo de la sala. Parecía inmaculado, fuera de este extraño lugar. En el espejo un hombre de cuarenta y tantos años miraba con cara de asco, tomó la escoba y cuando estaba a punto de golpear el vidrio le grite desesperado que no lo hiciera, todos se rieron. Se escuchó el vidrio quebrarse y una especie de tornado inundó la sala, duró quizás dos o tres segundos y al terminar el hombre estaba en el centro de la manada.
Con horror observé como le caían encima y lo devoraban vivo. La pobre víctima gritaba hasta que se quedó sin voz, o sin lengua. Por alguna extraña razón no importaba que parte del cuerpo le arrancaran, el hombre nunca moría. Solo intentaba luchar para escapar, hasta que ya no tuvo brazos ni piernas con los cuales hacer fuerza. Me convidaron un pedazo de… algo, pero las náuseas fueron mayores y rechacé el bocado.
Durante tres días nos seguimos movilizando de un lugar a otro y en cada locación esperaban que la persona del otro lado del espejo rompa la conexión. La mayoría no lo hacía, pero el que si… Dios, no hay forma de describir alguna de las cosas que estos seres hacían.
Diez días después ya estaba perdiendo la cordura, el hambre se había apoderado de mí y peleé por mi primer pedazo de carne. Sólo recuerdo los cabellos dorados de la niña que rompió el espejo, después la locura sumió todo en una nebulosa gris, como un sueño.
En una de las casas que visitamos conseguí una pierna ortopédica y ahora corro con ellos de lugar en lugar buscando comida.
Aprendí el arte de la caza, tentar a la presa a romper el espejo que nos separa y lo mande a este mundo. Son excitantes esos últimos segundos hasta que se escucha el vidrio quebrarse y aparece el almuerzo temblando y meándose encima.
Poco a poco mi “yo”, esa voz que te habla adentro de la cabeza, fue desapareciendo para dejar solo la parte animal en funcionamiento. Creo que fue un método de sobreviviencia ante el horror y las atrocidades del día a día.
Ya hace poco más de tres años que estoy encerrado en esta bestia caníbal, sin posibilidad de mirar hacia otro lado o al menos cerrar los ojos.
Soy un obligado testigo del infierno. Porque no hay otra palabra que describa mejor este lugar. Sabiendo, además, que en este lugar la vida no se acaba nunca.
martes, septiembre 15, 2009
Pasajera de noche
El taxi recorría las calles de capital como todas las noches. José rogaba que llueva, nunca faltaban pasajeros cuando llovía. Se agacha un poco para contemplar el contaminado cielo porteño: era increíble como lograba ver las estrellas a través de la mugre del parabrisas y la polución del aire. Pero ni una maldita nube.
El motor hacía un ronroneo extraño cada tanto, pero todavía no le preocupaba, conocía aquel vejestorio mejor que a sí mismo y sabía que no iba a pasar nada, al menos por ahora.
Avenida Córdoba al trescientos, cuatrocientos y una mano que se extiende. El auto lentamente se detiene hasta dejar la puerta perfectamente delante del pasajero, la puerta se abre y una pierna se adentra grácilmente seguida de un trasero soñado culminado por otra pierna perfecta.
Tarde José se percata que tiene la boca abierta. El escote que lleva ese cuerpo no cumple con las leyes físicas de este universo.
- "Hasta Cabildo y Juramento por favor" -Ya con sólo escuchar su voz el taxista siente como su cuerpo despierta.
- "¿Por donde quiere tomar?"
- "Derecho hasta Álvarez Thomas, Elcano, Crámer y Echeverría si no es mucha molestia"
- "Para nada, usted es la clienta"
Una risa de complicidad es la única respuesta.
Hacía calor y las ventanillas estaban bajas. El viento del auto en movimiento hacían que los cabellos del pasajero se muevan eléctricamente. Todo su cuerpo brillaba con una fina capa de sudor y sus piernas se movían inquietas. "Dios, esas piernas" pensaba José cuando nota que lentamente las va dejando separadas hasta llegar incluso a ver por el espejo retrovisor el blanco de su ropa interior.
El bulto dentro de los jeans del taxista crece hasta querer romper la tela que lo aprisiona.
- "¿Podes ver bien ahí?" -Le pregunta aquella voz, José siente como el calor se apodera de su cara poniéndolo colorado.
- "Le pido disculpas, no era mi intención"
- "No seas tonto... José" -Dice ella leyendo la ficha del conductor- "Soy yo la que te lo estoy permitiendo, no?"
- "Si, bueno... poniéndolo de esa forma..."
- "Entonces... ¿Podes ver bien ahí?"
Hacía años que José manejaba ese vehículo, pero tuvo que maniobrar un poco para evitar que le rayen el auto cuando se le fue de control.
- "Perfectamente" -Si el bulto dentro de su pantalón seguía creciendo iba a morir desnucado por su propio sexo en pocos minutos- "Y... dígame ¿A donde es que va tan bien vestida?"
- "A una fiesta"
"si, la de tu culo y esta" piensa José, aunque responde un "¡Que bueno!". Ella toma con sus dos manos la ya diminuta minifalda y la achica un poco más permitiéndose abrir más las piernas. El perfume de su cuerpo era hipnotizante.
La bocina de un colectivo lo hace volver a mirar el camino, sudando José traga saliva mirando intermitentemente hacia la calle y hacia el espejo retrovisor.
Aún no había visto bien el rostro de aquella muchacha, pero los breves flashes que los autos y la calle le brindaban mostraban unos labios carnosos y ojos intensos.
- "¿Queres venir conmigo?" -Pregunta ella.
- "¿A... A la fiesta?" -José volvió a tragar saliva.
- "Claro ¿O acaso vos no podes divertirte también?"
- "Si, por supuesto que puedo divertrime -traga saliva- divertirme, pero no voy a conocer a nadie..."
- "Me conocés a mi"
La erección que latía dentro de su pantalón amenazaba con desmayarlo de toda la sangre que consumía.
- "Dale, vamos a divertirnos" -Respondió finalmente José.
Todo sucedió en menos de un segundo: no hubo ningún tipo de prevención, ni ruido ni nada. El poste de cemento atravesó cortando la parte delantera del auto hasta llegar al asiento trasero. Parte del motor salió despedido estrellándose en un negocio de lámparas, los vidrios del auto se hicieron añicos instantáneamente y donde estaba José ahora había una masa amorfa de carne, sangre y vísceras.
La puerta de la parte posterior se abre con dificultad y unas largas piernas se bajan del taxi. Los tacos retumban en la noche mientras ella camina rodeando lo que quedó del automóvil. Se para junto a José que mira sin entender toda la escena.
- "¿Que... Que pasó?"
- "Tuviste un accidente grave" -Le responde dulcemente ella.
- "¿Y cómo es que sigo vivo? ¡Dios! ¡Hay tanta sangre ahí!"
- "¿Quien dice que seguís vivo?"
Sus palabras le hicieron helar la piel, pero no comprendió su significado hasta que la gente que ya comenzaba a reunirse mórbidamente para mirar mejor no se percataba de su presencia.
- "¿Y ahora que hago?"
- "Venís conmigo a la fiesta" -Lo toma de la mano cariñosamente- "Te van a encantar las fiestas del segundo círculo"
Ella ríe sensualmente y José se deja llevar. Mientras a lo lejos comenzaban a escucharse el ruido de las ambulancias que se acercaban a toda velocidad.
El motor hacía un ronroneo extraño cada tanto, pero todavía no le preocupaba, conocía aquel vejestorio mejor que a sí mismo y sabía que no iba a pasar nada, al menos por ahora.
Avenida Córdoba al trescientos, cuatrocientos y una mano que se extiende. El auto lentamente se detiene hasta dejar la puerta perfectamente delante del pasajero, la puerta se abre y una pierna se adentra grácilmente seguida de un trasero soñado culminado por otra pierna perfecta.
Tarde José se percata que tiene la boca abierta. El escote que lleva ese cuerpo no cumple con las leyes físicas de este universo.
- "Hasta Cabildo y Juramento por favor" -Ya con sólo escuchar su voz el taxista siente como su cuerpo despierta.
- "¿Por donde quiere tomar?"
- "Derecho hasta Álvarez Thomas, Elcano, Crámer y Echeverría si no es mucha molestia"
- "Para nada, usted es la clienta"
Una risa de complicidad es la única respuesta.
Hacía calor y las ventanillas estaban bajas. El viento del auto en movimiento hacían que los cabellos del pasajero se muevan eléctricamente. Todo su cuerpo brillaba con una fina capa de sudor y sus piernas se movían inquietas. "Dios, esas piernas" pensaba José cuando nota que lentamente las va dejando separadas hasta llegar incluso a ver por el espejo retrovisor el blanco de su ropa interior.
El bulto dentro de los jeans del taxista crece hasta querer romper la tela que lo aprisiona.
- "¿Podes ver bien ahí?" -Le pregunta aquella voz, José siente como el calor se apodera de su cara poniéndolo colorado.
- "Le pido disculpas, no era mi intención"
- "No seas tonto... José" -Dice ella leyendo la ficha del conductor- "Soy yo la que te lo estoy permitiendo, no?"
- "Si, bueno... poniéndolo de esa forma..."
- "Entonces... ¿Podes ver bien ahí?"
Hacía años que José manejaba ese vehículo, pero tuvo que maniobrar un poco para evitar que le rayen el auto cuando se le fue de control.
- "Perfectamente" -Si el bulto dentro de su pantalón seguía creciendo iba a morir desnucado por su propio sexo en pocos minutos- "Y... dígame ¿A donde es que va tan bien vestida?"
- "A una fiesta"
"si, la de tu culo y esta" piensa José, aunque responde un "¡Que bueno!". Ella toma con sus dos manos la ya diminuta minifalda y la achica un poco más permitiéndose abrir más las piernas. El perfume de su cuerpo era hipnotizante.
La bocina de un colectivo lo hace volver a mirar el camino, sudando José traga saliva mirando intermitentemente hacia la calle y hacia el espejo retrovisor.
Aún no había visto bien el rostro de aquella muchacha, pero los breves flashes que los autos y la calle le brindaban mostraban unos labios carnosos y ojos intensos.
- "¿Queres venir conmigo?" -Pregunta ella.
- "¿A... A la fiesta?" -José volvió a tragar saliva.
- "Claro ¿O acaso vos no podes divertirte también?"
- "Si, por supuesto que puedo divertrime -traga saliva- divertirme, pero no voy a conocer a nadie..."
- "Me conocés a mi"
La erección que latía dentro de su pantalón amenazaba con desmayarlo de toda la sangre que consumía.
- "Dale, vamos a divertirnos" -Respondió finalmente José.
Todo sucedió en menos de un segundo: no hubo ningún tipo de prevención, ni ruido ni nada. El poste de cemento atravesó cortando la parte delantera del auto hasta llegar al asiento trasero. Parte del motor salió despedido estrellándose en un negocio de lámparas, los vidrios del auto se hicieron añicos instantáneamente y donde estaba José ahora había una masa amorfa de carne, sangre y vísceras.
La puerta de la parte posterior se abre con dificultad y unas largas piernas se bajan del taxi. Los tacos retumban en la noche mientras ella camina rodeando lo que quedó del automóvil. Se para junto a José que mira sin entender toda la escena.
- "¿Que... Que pasó?"
- "Tuviste un accidente grave" -Le responde dulcemente ella.
- "¿Y cómo es que sigo vivo? ¡Dios! ¡Hay tanta sangre ahí!"
- "¿Quien dice que seguís vivo?"
Sus palabras le hicieron helar la piel, pero no comprendió su significado hasta que la gente que ya comenzaba a reunirse mórbidamente para mirar mejor no se percataba de su presencia.
- "¿Y ahora que hago?"
- "Venís conmigo a la fiesta" -Lo toma de la mano cariñosamente- "Te van a encantar las fiestas del segundo círculo"
Ella ríe sensualmente y José se deja llevar. Mientras a lo lejos comenzaban a escucharse el ruido de las ambulancias que se acercaban a toda velocidad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






